La Hacienda Coyolar de Orotina: entre la historia y la leyenda. Parte 11

September 24, 2014

Foto de portada:  Anuncio de 1936 donde la Hacienda Coyolar promociona los beneficios del ganado indio

 

Gio Castaldini  (*)

 

Hablar de Fernando Castro Cervantes es definitivamente hablar de su gran pasión en la vida: la ganadería.  En la anterior entrega indiqué cómo durante la primera década del siglo pasado don Fernando adquirió mucha experiencia en temas pecuarios,  siendo un arriero de ganado desde Honduras hasta los grandes corrales de Esparza en  Puntarenas.  También mencioné cómo empezó a incursionar en la empresa agropecuaria trabajando en la zona de Limón, donde la United Fruit Company tenía extensas plantaciones de banano y otros productos.

 

Esta empresa transnacional, sin realmente quererlo, fue la que primero incursionó en el mejoramiento del ganado criollo que había en la zona atlántica, ya que en 1909 realizó la primera importación de ganado Cebú o indio de la variedad Mysore , también conocido como Maysol.  Este ganado  traído del Caribe no tuvo problemas en adaptarse a nuestro medio, pues ya  estaba acostumbrado  a condiciones climáticas muy similares a las de la zona atlántica o a las del Pacífico costarricense.

 

Los Cebú Mysore fueron destinados principalmente como bueyes de trabajo en bananales del atlántico o  en la construcción de tramos de vía para el ferrocarril. Fernando Castro pudo observar cómo el cruce ocasional  con ganado criollo producía animales con más resistencia a las enfermedades y mayores tasas de nacimiento, aunque también  ariscos y muy poco aptos para la crianza, razón por la cual la “United”  decidió vender parte de los mismos a la Hacienda Juan Viñas de los hermano Tinoco y se supo que también parte de estos animales llegó  hasta  las Minas del Aguacate, en Desmonte de San Mateo,  donde tenían intereses las familias Yglesias y Tinoco.

 

Un hecho que posiblemente favoreció mucho el arranque de la fortuna de Castro Cervantes,  fue el terremoto de Cartago en mayo de 1910, el cual prácticamente arrasó la mayor parte de esa ciudad y otras zonas aledañas. De ahí en adelante y por varios años hubo una enorme demanda de madera de esa zona para construir nuevas casas en toda esa ciudad.

Recordemos que para esa época don Fernando  aparte de sus trabajos agrícolas en la zona atlántica, concretamente en producción bananera y cafetalera,  además se dedicaba a  la extracción y corte de madera de sus fincas, las cuales seguramente aserraba en ese mismo lugar  y luego vía ferrocarril la transportaba hasta los aserraderos de  Cartago y San José.

 

Obviamente, todos estos eventos le  generaron  prosperidad y seguramente deseos de expansión comercial, razón por la cual en  1911 Castro Cervantes adquirió  parte del ganado Cebú Mysore que importó la United Fruit Company,  con el propósito de  cruzarlo por cuenta propia con ganado criollo de sus fincas en la zona de Limón, comenzando así su búsqueda personal  para obtener una variedad de ganado de carne que fuese resistente a las enfermedades, saludable y de manejo sencillo.  Más adelante veremos cómo en el término de 10 años alcanzó dicha meta en la Hacienda Coyolar de Orotina.

 

En la próxima entrega: Fernando Castro Cervantes durante la convulsa segunda década del siglo pasado.

 

 

 

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(*) Gio Castaldini. Administrador del grupo Amigos del Tren Orotina, especialista en Historia del Ferrocarril en Iberoamérica, colaborador de Orotina Online

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