Entre “Carbones y Voltios” Nº 15

August 1, 2014

Sergio Barquero Ramírez  (*)

 

Es el verano de 1872, grandes extensiones de terreno son destinadas al cultivo del café, elemento nuevo que empieza a modificar el ingreso económico de algunos, una nueva clase social empieza a aparecer principalmente en el valle central.


El ferrocarril todavía no llega a Limón de manera directa, el café se exporta por la ruta al Pacífico después de horas de recorrido por la antigua carretera a Puntarenas. A partir de este punto inicia un largo viaje por varios meses hasta el Cabo de Hornos en el gélido extremo sur del continente, paso obligado hacia el océano Atlántico. Razón suficiente para el visionario Tomás Guardia concretara la realidad la construcción de un ferrocarril al caribe costarricense. Conflictos, intereses poderosos, cambios de rutas y muchos imprevistos aparecerían sobre la marcha, no importa, para el General Guardia quien hacía propio su lema: “Ferrocarril al Atlántico, aún a través de lo imposible”, el ferrocarril avanza.


Alajuela como punto medular del ferrocarril, tiene un pasado histórico-social de gran peso dentro del entorno de estas narraciones. Hoy vuelve el tren a Alajuela como el ave Fénix, sitio donde inició la gran aventura de rieles, durmientes, puentes y emblemáticas locomotoras. Alajuela tiene que hacer propia esa historia ferrocarrilera (apoderarse es el término correcto), un pasado que reclama no caer en el olvido. Hoy día hay en el horizonte “nubes grises” en el regreso del tren a la ciudad cuna del soldado Juan y el imponente volcán Poás. El tren tiene que salir “de nuevo” de Alajuela.


En Limón un tren a medias (Valle la Estrella y el puerto, desaparecido el tren al río Sucio en Guápiles) y digo a medias porque después de “La Junta” únicamente queda el recuerdo y la valentía de nuestros antepasados, todo está inmerso entre esqueletos de puentes que se niegan a caer, de locomotoras, vagones y edificios de talleres que más bien parecen idóneos como escenario de películas de zombies, fantasmas y colegas de La Llorona y el mismísimo Cadejos.


Cuota similar le adjuntaron al Ferrocarril al Pacífico, donde el herrumbre político carcome el puente sobre el río Barranca y muchas cosas más.


En los primeros años del ferrocarril interactúan varios personajes, hoy toca el turno a Heinrich Friedrich Wilhelmen Nanne Meyer, más conocido como “Guillermo Nanne”, Superintendente del Ferrocarril en tiempos de Henry Keith, bastante documentación de Nanne se encuentra en los periódicos, documentos del Archivo Nacional y Biblioteca Nacional de Costa Rica.


Guillermo Nanne nace en Alemania el 7 de mayo de 1830, hijo de Greorg Christian Nanne y Hellen Carlota Meyer. Fallece en Guatemala el 22 de noviembre de 1885. Casa con la señorita Mercedes Escalante Castillo, del matrimonio nacen 15 hijos que multiplican su descendencia en Costa Rica.


Día a día he seguido con gran interés las diferentes actividades, opiniones y las valiosas giras de campo de todo ese apasionante mundo ferrocarrilero, felicitaciones a los señores Geo Milo y Gio Castaldini por las páginas que administran, siempre un tema vigente donde los valiosos aportes de los participantes, acrecientan de manera notable un importante acervo cultural.


El próximo viernes vamos al año de 1971 con Henry Keith y Guillermo Nanne. En la fotografía Guillermo Nanne y Mercedes Escalante. 
La fotografía de la moneda corresponde al dinero utilizado por la empresa del ferrocarril para pagar a sus empleados.

 

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(*) Sergio Barquero Ramírez, colaborador del grupo Amigos del Tren Orotina e historiador popular.

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