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  • Jorge Umaña Torres, periodista

Ventera añora viajar en tren otra vez


Es madre de tres varones y dos mujeres. Hoy son mayores de edad, pero a todos los sacó adelante como ventera en el tren que viajaba de San José a Puntarenas. Virginia Flores Rojas, vendía desde los 10 años mangos y jocotes con su mamá. A la edad de 20 años se aburrió y dijo que comenzaría a vender tortas de huevo, gallos de papa y tortas de tren. Y así lo hizo durante muchos años, y lo recuerda todo.

En su humilde vivienda (no sé si puede llamar así) diagonal al costado sur del cementerio en Orotina, doña Vicky conserva una foto de su madre y el cuadro que le dieron el pasado 12 de febrero con ocasión del Día del Ferrocarrilero.

"Los sábados y los domingos los esperábamos con mucho entusiasmo. Mucha gente viajaba a Puntarenas y la venta de toda la comida estaba asegurada", dice. Desde las 4 de la mañana el fogón y la leña estaban en acción. "Fueron los mejores tiempos de mi vida y fueron momentos inolvidables.

Cuando era necesario seguía en el tren hasta Mastate. Ya había hecho la venta del día y había que regresar a casa para preparar lo del día siguiente.

Anécdotas, dice que tiene muchas; amistades unas cuántas. "No era fácil, pero con el tiempo hice muy buenas amigas y conocí muchas personas en el tren".

En ocasiones "la Macha"- como también le decían- vendía mango y semillas de marañón con otras venteras. "Me iba hasta el Puerto y entraba en cantinas y otros lugares. Necesitaba vender lo que llevaba, y no me importaba".

El momento más triste- aparte del día en que su madre murió- fue el cierre del ferrocarril. "Qué tristeza; ya uno se tenía que quedar en la casa, porque no había nada que hacer. Era seguir cuidando a los chiquillos, pero... nos jodieron a muchos".

Recientemente, y por iniciativa de OrotinaOnline, se están organizando viajes de Orotina a Caldera. "Qué alegría volver a ver pasar un tren de pasajeros. Ese día me invitaron a la estación y me tomaron muchas fotos. Estrené zapatos y me sentía a gusto, pero con un poco de pena. Me decían: una sonrisa, una sonrisa, y yo les decía que no; no tengo dientes y me da vergüenza".

Algunas personas que han viajado estos dos últimos domingos, al pasar frente a su casa le dicen "Doña Vicky, no tiene nada (comida) y les respondo: No; no puedo. Qué más quisiera pero los dolores en una pierna y la cabeza no me dejan. Solamente les digo adiós... (Y que dichosos, pienso en mis adentros).

(Fotos Jorge Umaña)


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