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  • María P. Corrales Vargas*

Constitución y ciudadanos deben de caminar en paralelo.


Nuestras sociedades se encuentran en constante evolución, de la mano de los ciudadanos, adaptándose a los requerimientos y necesidades de los mismos, por lo cual, como un sistema integrado, las demás variables, como las concepciones políticas, económicas, sociales y culturales; deben de cambiar paralelamente. Por ello, la Constitución Política costarricense debe de modificarse para las nuevas generaciones

Primeramente, me gustaría resaltar que, en el ordenamiento jurídico de un país, la norma de mayor relevancia y jerarquía, es la Constitución Política, la cual es la carta de navegación del país. Según Alex Solís (2016) la constitución política es “el conjunto de normas fundamentales que definen los principios y valores del ordenamiento jurídico, garantizan los derechos y las libertades de las personas y controlan el ejercicio del poder público”.

Nuestra Constitución Política pertenece a 1948 y aunque por muchos años, logro hacer frente a los retos de la sociedad, en la actualidad se encuentra sin unidad interna y con lagunas significativas para la sociedad.

Me gustaría destacar que, constantemente, los costarricenses nos quejamos de la administración pública; por las citas médicas a años de plazo, los engorrosos trámites burocráticos para gestiones sencillas, y los funcionarios públicos dedicados a “comer papaya”. Sin embargo, no concientizamos que el Estado costarricense ha dejado de evolucionar positivamente, nos hemos estancado y hemos avanzado en rutas equivocadas; perdimos esa capacidad que caracterizaba al tico, esa capacidad de ilusión y soñar en grande.

Me pregunto, ¿si un barco puede navegar con una ruta desactualizada?; eso le está sucediendo al país. Nuestra carta de navegación no se adapta a la realidad socioeconómica, ni a las necesidades de los habitantes del país; la vida ha cambiado, pero no con ello el orden jurídico que impera en el país. Una Constitución política debe de estar en torno a las personas, sus principios, valores, pero, sobre todo, sus necesidades y requerimientos, ya que el ser humano debe de ser el inicio y el fin de toda acción pública.

Además, los costarricenses, hemos demostrados nuestra pérdida de credibilidad en el sistema político, que se ha visto reflejado en los altos niveles de abstencionismo en las distintas elecciones electorales, que se han presentado en los últimos años. Costa Rica está pasando momentos de ingobernabilidad y como excusa al tema, culpamos a los políticos, pero no vemos que la gestión de los mismos es el reflejo de la normativa, como herramienta de trabajo poco adaptable a las necesidades reales del usuario.

Estamos en una crisis real de la legitimidad de tres poderes de la república; “el Poder Legislativo no legisla ni ejerce la función de control político con la prontitud que demandan los tiempos actuales; el Poder Ejecutivo ha perdido capacidad operativa, ahogado por la tramitología, la duplicidad de funciones y una estructura administrativa compleja, constituida por trescientas treinta y dos instituciones; y el poder judicial, todos los días, a cada instante, trasgrede el principio de la justicia pronta y cumplida” (Solís, 2016, p.73). Por ello, como ciudadanos debemos de actuar, y en lugar de criticar, construir nuestro propio futuro.

En conclusión, realmente es necesaria una nueva ruta para nuestro barco, que se adapte a las necesidades y requerimientos de los usuarios, y que, además, les brinde a los mismos deberes que deban de cumplir a cabalidad para poder tener un Estado más eficiente y eficaz; asimismo, como una gestión pública e institucionalidad que deje de “comer papaya” y trabaje realmente por y para el ciudadano. Debemos de arriesgarnos y dejar nuestra zona de confort para plantar un mejor futuro para nosotros y para las próximas generaciones; no tenemos que dejar que el miedo influya en que podamos soñar en grande y construir el Estado de derecho que queremos.

Me gustaría destacar que realmente como ciudadanos y amantes de nuestra patria, debemos de actuar; el día de mañana podría ser muy tarde, por lo cual, recordemos que quienes construyen el presente y el futuro de un país son sus ciudadanos y no sus políticos. ¡El cambio está en nosotros!

*María P. Corrales Vargas es estudiante de Administración Pública y Economía de la Universidad de Costa Rica


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