Search
  • Leonardo Cruz

Televisión basura: espacios limitados para el artista nacional y una imposición de un grupo a su con


La cantidad de personas que se reúnen frente a una pantalla puede ser abrumadora, sin embargo la mayoría de artistas nacionales no gozan de esta posibilidad de acercamiento con el público. Y hablo de esa señal y no de la de radio porque creo que cada vez son menos los costarricenses que la frecuentan. Aclaro que no es que pretenda desprestigiarla, sino que soy realista y hago mis especulaciones conforme al comportamiento que noto en mis allegados: cuando les pregunto si la oyen me contestan que con costo escuchan algún programa de humor durante la mañana. La verdad es que cualquier costarricense que desee escuchar su música favorita, y considerando el acceso creciente a las tecnologías, se da cuenta de que solo debe buscarla en Internet.

Tampoco deja de asombrarnos la cantidad de cableras que han incursionado en barrios que creíamos pobres, pero que en ellos se izan las antenas de estas empresas como si fueran terrenos colonizados. No se sabe, a ciencia cierta, si lo anterior se debe a la cantidad de programas poco atractivos que ofrece la programación nacional (hablo sobre esos programitas donde dicen, explícitamente, los nombres de productos comerciales o aquellos donde se dan disputas vergonzosas sobre cuantas veces se ha ido a Europa, porque pareciera que todo lo que sea tico es detestable).

Así las cosas, una manera para no dejar morir nuestras costumbres y tradiciones parece ser el acceso que alguien comprometido con la cultura pudiera tener a las televisoras nacionales, como posibilidad de rescate. Sabemos, pues, que en cada casa hay una o varias pantallas; pero no estamos seguros de que lo que implica “el ser” o “el hacer” del costarricense esté llegando como una señal clara a los hogares de nuestras familias.

Hoy vengo a cuestionar la función de estas televisoras en el arraigo de nuestra identidad y en la difusión del artista nacional. Seamos sinceros, las canciones que componen nuestros músicos, las pinturas que brotan de la mano de un costarricense, las esculturas, las obras de teatro y las impresiones del público sobre estas, los libros que acá se escriben y casi todas las manifestaciones de arte son ocultadas o mostradas tan rápidamente que se vuelven casi imperceptibles. Incluso hay tan poca información que si alguien desea explorar lo que acá se hace tendrá una tarea verdaderamente difícil.

¿Cómo se entera un costarricense de lo que hacen nuestros artistas si no hay espacios de difusión para ellos?, ¿y por qué no los hay? Tal vez sean muchos los artistas que no se doblegan a intereses externos a su quehacer; sin embargo, al abrir bien los ojos noto que también hay mezquindad por parte de los directores de los canales televisivos. Sí, se muestran incapaces de abrir capsulas de entrevista, de ofrecer siquiera un número telefónico o una página de Facebook para promocionar actividades culturales; es decir, trabajan para el pueblo sin tomarlo en cuenta.

¿Es por el costo de un minuto al aire? ¡No lo creo! Pienso que esto tiene más relación con el poco valor que se le da al artista costarricense, a lo que hace, a no creer en su potencial ni en sus capacidades creadoras. Y es que esta pobre visualización a nivel nacional repercutirá, inevitablemente, en un desconocimiento internacional sobre lo que acá se hace; es decir, el artista costarricense debe saber, desde el momento en que toma la decisión de serlo, que en este país no tendrá el apoyo mínimo necesario (razón por la que, si desea crecer, irá en busca de sus sueños al extranjero).

Para nadie es un secreto que nuestras manifestaciones artísticas -que hay en varias disciplinas- están tan amordazadas que no pueden competir contra programas absurdos de modelos exhibiéndose: de lo que hacen o con quién las vieron; no pueden hacer frente a veinte minutos de fútbol en los noticieros o a programas donde los mismos reporteros resultarán ser noticia para la siguiente transmisión (no logro concebir que un reportero ocupe el lugar que un artista debería ocupar y la verdad que ignoro si les resulta más práctico o conveniente inventarse que son, ellos mismos, la farándula costarricense).

Y usted, mi estimado lector, que se queja constantemente sobre esta sociedad y que se pregunta ¿de quién es la culpa de estas omisiones malintencionadas?, permítame decirle que las televisoras no son tan inocentes… ¿Qué ganan con promover programas sin ningún contenido ideológico o que anulen nuestra propia identidad –reflejada en el quehacer de nuestros artistas- y que también resultan ser una inversión en tiempo televisivo?

Le propongo –sin necesidad de persuadirlo a nada más que a la reflexión misma- a que visualice quiénes son considerados como farándula costarricense. ¿Ya lo hizo? Imagino que por su mente pasaron: jugadores de fútbol, modelos y varios periodistas o reporteros. ¿Será que la sociedad los colocó ahí o, más bien, esto se debe a la imposición y promulgación de un grupo que goza de audiencia, solvencia y capacidad para hacerlo?

Ignoro quiénes están detrás de estas decisiones en los distintos canales nacionales pero, sin lugar a dudas, solo tengo algo claro: el costarricense también se está cansando de esa telebasura que no lo representa.


14 views
This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now