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La Hacienda Coyolar de Orotina: entre la historia y la leyenda. Parte 13


Foto de portada: Valle del Río Grande de Tárcoles donde en amarillo se delinean lo límites aproximados de la Hacienda Coyolar en sus mejores tiempos. Foto de Arnulfo López Sequeira.

Gio Castaldini (*)

Como se indicó la semana pasada, en 1917 Federico Tinoco Granados lideró un golpe de Estado contra el Presidente Alfredo González Flores. Este golpe obedeció al repudio hacia los nuevo impuestos que gravaban las ganancias de los grandes empresarios de aquél entonces, entre ellos la United Fruit Company.

Don Fernando Castro Cervantes tenía desde principios de siglo relaciones de amistad y de negocios con los Tinoco quienes antes de llegar al poder eran grandes productores de caña y azúcar en la zona de Juan Viñas, además de poseer muchos negocios comerciales en San José, así como explotaciones mineras en el Monte del Aguacate en San Mateo de Alajuela. Además de su éxito en los negocios los hermanos Tinoco tenían formación militar y para el momento del golpe de Estado desempeñaba el cargo de Ministro de Guerra.

Recordemos que desde 1914 pesaban sobre Costa Rica los serios efectos económicos producidos por la Primera Guerra Mundial. Las exportaciones decayeron y aumentó considerablemente el costo de las mercaderías importadas. Los fondos públicos se encarecieron y obviamente se dio una contracción en la economía que generó mucho desempleo y por consiguiente grandes cantidades de personas en estado de pobreza o pobreza extrema.

Los efectos de esta crisis económica afectaron a muchos hacendados del país, por lo cual algunos se vieron obligados a vender sus propiedades o por lo menos parte de estas. Don Rafael Iglesias Castro, propietario de la Hacienda Coyolar en Orotina, no fue la excepción a esta tendencia y para 1917 toma la decisión de vender la Hacienda Coyolar a la empresa Transportes Puntarenas S.A cuyos accionistas eran Federico y Joaquín Tinoco Granados.

Como miembros de dicha sociedad anónima también aparecían los hermanos Fernando y Antonio Castro Cervantes quienes como ya se indicó tenían relaciones de amistad y de negocios con los hermanos golpistas desde hacía muchos años. De 1917 a 1919 los hermanos Tinoco tuvieron el control por lo menos legal de la hacienda, pero eso cambiaría drásticamente con el derrocamiento de Federico Tinoco en 1919 quien se ve forzado a huir del país y en ese mismo año con el asesinato de Joaquín Tinoco en San José centro.

Recordemos que para principios del siglo pasado en Costa Rica las acciones de las sociedades anónimas eran sólo al portador, es decir quién las tenía era su legítimo propietario. Se desconoce cómo llegaron esas acciones a manos de él; posiblemente Federico Tinoco se las dio antes de salir del país en calidades de préstamo o vendidas, pero lo cierto es que a partir de la ausencia de los Tinoco, la gran hacienda tuvo un nuevo propietario: Fernando Castro Cervantes.

A partir de ese entonces se comienza a forjar la relación entre una tierra y un hombre. Un relación que daría lugar a una de las propiedades más grandes y prosperas en la historia de Costa Rica: La Hacienda Coyolar de Orotina.

En la próxima entrega: Fernando Castro Cervantes comienza las grandes innovaciones técnicas en el Coyolar.

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(*) Gio Castaldini. Administrador del grupo Amigos del Tren Orotina, especialista en Historia del Ferrocarril en Iberoamérica, colaborador de Orotina Online

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