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La Hacienda Coyolar de Orotina: entre la historia y la leyenda. Parte 10


Foto de portada: Ganado pasando la frontera entre Nicaragua y Costa Rica, 1930.

Gio Castaldini (*)

Es el año 1907 y don Fernando Castro Cervantes recibe el grado de teniente coronel por participar en la guerra entre Nicaragua y Honduras. Terminado el conflicto, comienza a trabajar por cuenta propia en la rentable pero dura labor de arrear ganado desde Honduras hasta Costa Rica, concretamente hasta los grandes corrales ganaderos de Esparza en Puntarenas.

En esta época la ganadería de carne en todo el Pacífico costarricense era incipiente y la producción para consumo a nivel nacional era muy pobre. El ganado criollo local, descendiente de las primeras cabezas traídas desde Europa por los conquistadores españoles, era víctima constante de las enfermedades y plagas propias del trópico y su tasa de natalidad era tan baja que no permitía una producción masiva en nuestro país.

Ante la poca producción nacional, desde finales del siglo 19 se debía importar ganado traído de Honduras y Nicaragua para así abastecer de carne el mercado nacional. La principal vía de ingreso de estos enormes hatos ganaderos era a través de La Cruz, Guanacaste, donde con la complicidad de autoridades fronterizas de ambos países, se autorizaba su ingreso, muchas veces a cambio de una “propina”.

Las lecciones que aprendió Fernando Castro durante este duro período de su vida como arriero, debieron servir para formar gran parte de su carácter y propiciaron su interés por tratar de solucionar el problema de la pobre producción ganadera en los litorales en nuestro país. Sin embargo, ya a sus 27 años, le urgía encontrar una actividad que verdaderamente le diera una consolidación económica, para echar a andar en un futuro sus proyectos y así alcanzar sus metas.

Es así como posiblemente después de 1909 don Fernando se traslada a lo que él llamaba el “infierno del norte”, haciendo alusión con esta expresión a la zona atlántica de nuestro país, donde las extremas condiciones climáticas hacían rendirse a la gran mayoría de los que incursionaban en dichos parajes.

Para ese tiempo la United Fruit Company tenía bastas extensiones de tierra en dicha zona y algunas veces permitía a ciertas personas realizar cultivos en parcelas de su propiedad o daba en arriendo dichas fincas.

Posiblemente don Fernando comenzó a incursionar en la empresa agropecuaria como arrendador de tierras de la U.F.Co, pero ya al poco tiempo era propietario de varias fincas entre Siquirres y Limón, donde realizó cultivos extensivos, practicó la actividad maderera y lo más importante: comenzó a realizar cruces de ganado con el fin de lograr una raza más fuerte y aptable a zonas con climas extremos como los del Atlántico y el Pacífico Central.

En la próxima entrega: Don Fernando Castro y la primera importación de ganado Cebú en Costa Rica.

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(*) Gio Castaldini. Administrador del grupo Amigos del Tren Orotina, especialista en Historia del Ferrocarril en Iberoamérica, colaborador de Orotina Online

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