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La Hacienda Coyolar de Orotina: entre la historia y la leyenda. Parte 8


Gio Castaldini (*)

Habiéndose graduado de la secundaria en 1898, Fernando Castro Cervantes comenzó a pensar en su futuro, por lo que pidió a sus parientes que se le adelantara su herencia familiar, recibiendo en 1899 la suma de 13 mil colones, que para ese momento era una gran cantidad de dinero.

Con apenas 18 años partió ese mismo año para Bruselas, Bélgica, cuna de las mejores universidades católicas del mundo en cuanto a avances científicos y filosóficos, siguiendo los pasos de su hermano Vicente, quien años antes había viajado a dicha ciudad para estudiar medicina.

Al llegar el joven Fernando Castro al viejo continente, empezó a “conocer mundo” y seguramente también se enteró de los últimos avances tecnológicos en materia de comercio, industria, agricultura y ganadería, los cuales años después complementaría en sus frecuentes viajes a mediano Oriente, Sur América y los Estados Unidos.

Entre 1900 y 1901 Fernando regresó al país sin un título universitario, a diferencia de su hermano Vicente, quien sí se graduó como médico, por lo que por algún tiempo se integró en los negocios de la finca cafetalera de su familia en Mata Rendonda de San José.

Es probable que estos años de estancia en la capital le permitieran establecer los primeros contactos con personajes poderosas del país en el ámbito económico y político, que de una u otra forma se relacionaban con su propia familia ya sea por parentesco o por negocios, como fue el caso de los hermanos Tinoco, Florentino Castro, Bernardo Soto Alfaro, Rafael Iglesias Castro, entre otros.

Los contactos que estableció con estas influyentes personas, probablemente lo condujeron tarde o temprano a relacionarse con una empresa que para 1905 ya había adquirido el control del Ferrocarril al Atlántico y ya controlaba también el Puerto de Limón, una gran flota de barcos y miles de hectáreas de tierra en la zona atlántica: la United Fruit Company.

En la próxima entrega: De cómo su relación con esta empresa transnacional lo llevó a los enclaves bananeros que tenía la U.F.C. en Nicaragua y Honduras; así como sus primeras experiencias siendo empresario agropecuario en la zona atlántica después de su regreso al país.

La imagen superior corresponde a un dibujo de don Fernando Castro Cervantes y publicad6 en el Diario de Costa Rica en 1953.

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(*) Gio Castaldini. Administrador del grupo Amigos del Tren Orotina, especialista en Historia del Ferrocarril en Iberoamérica, colaborador de Orotina Online

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